Los gobiernos occidentales, celosos defensores de la dignidad humana, al punto de intervenir en Libia sin otro afán que el altruismo, poco hacen para ocultar su personal ofensiva contra toda la horda humana que llega a sus territorios, con el único pecado de querer sobrevivir, así sea al dejar la tierra pobre que los vio nacer.
Thilo Sarrazin, escritor alemán, ha centrado el debate en la cultura inferior musulmana, que trata de sobreponerse a la teutona; no es la carencia de oportunidades, lo que tiene sumida a los inmigrantes del medio oriente en la inopia, sino según él es su bagaje histórico, su cultura. Y se les debe poner un alto, o harán fracasar a Alemania.
Los pormenores de su posición política pueden ser consultados en la nota; empero, sí conviene hacer notar que cuando la cultura de los países avanzados llega a los países subdesarrollados, llega como “civilización”, “globalización”, “integración económica”. No ha traído, hasta ahora, más que rezago y disparidad a esos países, y como ejemplo inmediato, a México. Pero cuando la cultura de otros llega al mundo desarrollado, ahí adquiere otro nombre. Ahí sí, son el enemigo a vencer. Los que buscan hundir al país; los que buscan conquistar las conciencias y los modos de ser de los nativos.