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jueves, 5 de enero de 2012

El espíritu de Lenin en el periodismo mexicano.

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Los mayas, que por ser antiquísimos y misteriosos, se entiende que nunca se equivocan, han augurado algún tipo de cambio en este año 2012, que los más radicales han interpretado como el fin del mundo, otra vez.
 Y es este talante nigromante el que han adoptado muchos medios de comunicación. Si por desgracia esos antiguos mayas no conocieron al priísmo, como para recetarle algunas cuantas profecías, pues para eso está el ya conocido “brujo mayor” que predice el triunfo de Peña Nieto, y de regalo, por cuenta de la casa, también se echa la bravata de anunciar cáncer a dos líderes latinoamericanos más, e incluso, al “sentir” el sistema inmunológico de Hugo Chávez, le advierte que el cáncer volverá, y obvio, si ya está ahí, pues nada le costó otear su bolivariano corazón y señalar que “aún no se cura de la soberbia”.
 Pero si la “magia blanca” (¿?) de este señor no es lo de uno; si uno se siente más a gusto con los adivinos de traje y credenciales políticas, tenemos por ejemplo a René Avilés Fabila, en la Crónica.
Dice el libro de Proverbios que es inescrutable el corazón del hombre; pero la vieja Biblia no contaba con el comunismo, credencial que siempre muestra el señor Avilés para justificar sus críticas a la izquierda mexicana. 
Y seguro por ser comunista, y gozar de una profunda unidad con el poltergeist (o sin el germanismo, el espíritu chocarrero) de Lenin, que le dice cosas; cosas suaves, sutiles; cosas sabias, cosas del futuro. Alcanza a escudriñar el corazón de López Obrador, y señala que este izquierdista se dice católico, “quizá por dos razones: una, para que la población sintiera mayor simpatía por él, pues está educado en el protestantismo y la segunda porque es mitómano.”
 Habrase visto a un comunista señalar quién sí y quién no pertenece al rito latino de la Santa Iglesia Católica Apostólica y Romana. Razón tiene esta para desautorizar los ritos mágicos o espiritistas, pues divisan cosas que ni ella puede. Le quitan la chamba, pues.
 Pero no todas son predicciones lisonjeras para algún candidato; no todas son revelaciones para invalidar la religión de otra persona; no. También el espíritu que “pairaba sobre las aguas del acuario” (José Saramago nos señaló, en su libro “Las intermitencias de la muerte”, a qué cumbres intelectuales tan altas puede llegar esta versión de bolsillo del espíritu sobre las aguas del Pentateuco) susurra cosas catastróficas a los siempre atentos periodistas.
Este espíritu, con Ciro Gómez Leyva como médium, señaló hace un par de días, lo siguiente:
 Dice el Nobel J. M. Coetzee que algunas cosas no es bueno leerlas ni escribirlas, que no es aconsejable internarse en ciertas zonas prohibidas.
En dos lugares geográficamente remotos escuché en estos días de descanso el mal fario de que, para dar una demostración de poderío o vengarse de Felipe Calderón, los “narcos”, los “malos”, podrían asesinar no a un candidato presidencial, como en 1994, sino a los tres.”
 Mesas volando; macabras risas y luces que languidecían. Así podemos imaginarnos el derredor de un impotente (por supuesto) Ciro, aferrado a su silla, mientras los ojos se le ponían blancos y sus manos transmitían lo que el espíritu que pairaba sobre las aguas del acuario le instaba a escribir. A veces recobraba el control sobre sí mismo; su columna es una oda a la lucha contra estos espíritus inefables:
“No es necesario recalcar que esa especie de adivinación sucumbiría ante argumentos básicos […]” Y luego otra vez, “A los supersticiosos se suman otros fervientes propagadores de profecías desastrosas […]”, para después, “Me resisto a seguirlos”.
¡Sí, Ciro! ¡Resiste! Esas voces en tu cabeza que aúllan tiempos finales, no tienen cabida en discusiones serias. ¡No les hagas el juego! Empero, esta la ganaron…
Y ya entrados en el tema, ¿Pero qué especie de alma en pena orilló a nuestro respetado Rafael Cardona a escribir sus chocantes columnas que usaban palabras que iniciaran con la misma letra? Eso, eso sí, es ya demasiado lúgubre como para indagar; “melosa madame (sic) Mota” es una frase de perturbadoras proporciones…
En la imagen: El brujo mayor, en un ritual prehispánico, al ofrendar algo incierto a un esqueleto vestido con la playera de la selección mexicana de fútbol.

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