
Jesús de Nazareth solía enseñar utilizando parábolas, es decir, narraciones de sucesos fingidos de los cuales se deducen, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral. Estas resultaban ser esclarecedoras, concisas y fructíferas, tan es así que más de dos mil años después, muchos las conocemos.
Desafortunadamente el fino arte de hacer parábolas no es necesariamente uno de los dones del sacramento de la ordenación sacerdotal, y es que ya no es común que el clero o sus afines hagan declaraciones cuyo fondo pudiera ser congruente y razonable, ahora tenemos escandalosas comparaciones con una pobre lección de las palabras.
Como muestra dos botones: relacionar el relajamiento de la moral sexual con un llamado hipotético a la violación, y pedir perdón por los abusos sexuales cometidos contra niños para acto seguido elaborar un símil con el tema del aborto.
En el primer caso podemos argüir, siempre en la doctrina católica, que la banalidad en las relaciones sexuales humanas demerita nuestra condición de hijos de Dios, enflaquece la virtud de la prudencia, fortaleza y castidad así como debilita el futuro del amor conyugal. Lo anterior va perfectamente acorde con la tesis católica, y podrá o no convencer a los lectores, dejando en ellos incluso la tacha de “intolerantes” y “cerrados” si son presurosos al descalificar un punto de vista dirigido primeramente a los católicos. En el segundo caso, al relacionar el pedir perdón con un juicio de reproche muestra una de esas constantes hipocresías de la Iglesia, la cual, buscando salvar las vidas de los no-natos, a veces hace poco para salvar las vidas de los nacidos víctimas de un sistema económico a todas luces anti-cristiano (que seguramente quita tantas o más vidas que los abortos) o, en este caso, de salvaguardar la estabilidad física y emocional de cientos de niños.
Tal parece que la consigna es ligar a la moral católica con las comparaciones más escandalosas que se les puedan ocurrir. Seguramente llaman la atención, pero, ¿mueven alguna conciencia?
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Desafortunadamente el fino arte de hacer parábolas no es necesariamente uno de los dones del sacramento de la ordenación sacerdotal, y es que ya no es común que el clero o sus afines hagan declaraciones cuyo fondo pudiera ser congruente y razonable, ahora tenemos escandalosas comparaciones con una pobre lección de las palabras.
Como muestra dos botones: relacionar el relajamiento de la moral sexual con un llamado hipotético a la violación, y pedir perdón por los abusos sexuales cometidos contra niños para acto seguido elaborar un símil con el tema del aborto.
En el primer caso podemos argüir, siempre en la doctrina católica, que la banalidad en las relaciones sexuales humanas demerita nuestra condición de hijos de Dios, enflaquece la virtud de la prudencia, fortaleza y castidad así como debilita el futuro del amor conyugal. Lo anterior va perfectamente acorde con la tesis católica, y podrá o no convencer a los lectores, dejando en ellos incluso la tacha de “intolerantes” y “cerrados” si son presurosos al descalificar un punto de vista dirigido primeramente a los católicos. En el segundo caso, al relacionar el pedir perdón con un juicio de reproche muestra una de esas constantes hipocresías de la Iglesia, la cual, buscando salvar las vidas de los no-natos, a veces hace poco para salvar las vidas de los nacidos víctimas de un sistema económico a todas luces anti-cristiano (que seguramente quita tantas o más vidas que los abortos) o, en este caso, de salvaguardar la estabilidad física y emocional de cientos de niños.
Tal parece que la consigna es ligar a la moral católica con las comparaciones más escandalosas que se les puedan ocurrir. Seguramente llaman la atención, pero, ¿mueven alguna conciencia?
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